Orangutanes ( II), y llegada a Bali

Una de las ventajas de viajar en temporada baja es que puedes visitar cosas que normalmente están llenas con mucha menos gente zumbando por ahí. En el caso de los orangutanes el guía nos dijo que en verano puede llegar a haber hasta 50 barcos por el río!.

Ahora estábamos unos 4 o 5. Remontando un río chocolate que toma el color de las explotaciones mineras del centro de Borneo.

La vida en el barco es simple y relajada. Te levantas en cubierta con la luz del sol pegando duro, y con el sonido de la jungla. Zumbidos de insectos, pájaros liándola y movimientos extraños de fondo mientras desayunas y te aseas en el baño de un metro cuadrado. Luego se enciende el motor y empiezas a moverte. Te sientas en una silla en cubierta y…miras!. Miras muchos árboles y mucho verde, buscando lo que sea. De repente un pájaro de colores cruza por delante, o aparece un mini cocodrilo, un mono…

El plato fuerte viene cuando paramos a dar un pasito por la jungla. A veces más largo, a veces menos, pero en todos encontramos bichos.

Luego en las plataformas de alimentación nos aseguramos el avistamiento de los orangutanes. A destacar la plataforma número tres, donde vimos 11 orangutanes a la vez! La selva se caía, como si fuera el maracaná, grandes simios yendo y viniendo sin parar, una pasada.

Pero para pasada lo que pasó al volver al barco. Nuestro guía Jenie, es un crack, pero está un poco volado, porque empezó a llamar y atraer con fruta a una pareja de orangutanes…a los que subió al barco!.

Como sabéis los que me conocéis yo soy un poco cagueta con los animales. No lo puedo evitar, pero aguanto como un jabato si hace falta. Pero que me suban un orangutan a un metro en un barco que está rodeado por agua con cocodrilos se me hacía demasiado. Además al subir los orangutanes me quedé yo solo en la proa del barco… así que discretamente me fui para atrás! Os enseño un video para que veáis donde me metí!.

Ahora estamos en Bali, y nada más llegar nos enteramos de que nos habíamos salvado por los pelos de una erupción volcánica en Java, al ladito de donde estábamos nosotros.

Bali es otro mundo, está muchísimo más turistificado que el resto de sitios de Indonesia que hemos visitado. Y se nota todo el rato. Aquí nadie se hace fotos contigo, ni te saludan por la calle, e imagino que no te invitarían a una boda. Pero se te acercan para venderte cosas, decirte precios de taxis… Volvemos a tener las alarmas levantadas y a no contestar a la gente que aleatoriamente viene a decirte algo. Una pena :( .

Bali es una isla muy especial, de verdad, porque tiene una cantidad BRUTAL de templos hinduistas. En estos días hemos visitado más de 10, todos ellos impresionantes, que serían parada obligatoria en cualquier otra isla del mundo. Aquí se apelmazan, uno detrás de otro, hasta que ya no sabes ni cuál estás visitando. La isla tiene una espiritualidad tremenda, y puedes ver ofrendas a los dioses a cualquier hora del día. Todo el rato están de ceremonias, rezando, ofreciendo algo, encendiendo incienso…
Se da un contraste grande entre la espiritualidad real que existe, y el turisteo (que también es real, y existe).
Es normal que una isla con la cantidad de cosas bonitas que tiene Bali se vuelva turística. Y que la gente quiera ver todos los tesoros que esconde. Sé que no se puede pretender llegar a un sitio así y estar solo, que todo el mundo tiene derecho a ver esto, sin embargo… no puedo dejar de pensar en la maravilla que debía ser el interior de Bali hace 30 años.
Ayer llegamos a la playa después de estar tres días en el interior de la isla. Elegimos la playa de Nusa Dua por las buenas críticas que habíamos escuchado. Y…¡ no podíamos llegar a la playa! Para llegar tienes que cruzar una puerta de seguridad que separa el Bali real del Bali guiri. De puertas a dentro el césped está recién cortado, hay más proporción de palmeras, y todo es muy “tradicional”. Un poco portaventura. Pero lo gordo es que los resort tienen tomada la playa, un camino asfaltado a 10 metros del mar rodea Nusa Dua, y después hay restaurantes, hoteles, un barco pirata, un centro comercial… Todo muy “internacional”, nada de puestecillos de satays de pollo, o nasi goreng.
Era por la noche, así que la playa en sí no sabemos cómo es. Esta mañana habrá que ir a echarle un vistazo, pero a mí ayer me espantó. ¡Espero que haya playas de verdad en esta isla!

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