• India, ¡qué país!

    De todos los países en los que he estado en mi vida el más fascinante creo que ha sido la India. Cuando digo que me gusta viajar me refiero a que me gustan los estímulos de lo desconocido. El enigma, el no entender, no saber, dudar, intentar aprender e interpretar…
    India es la tierra de los estímulos. Todo es nuevo e indescifrable. Desde los vestidos de las mujeres, llenos de colores, hasta el sutil ( a veces no tanto) influjo de las castas en las relaciones personales, el viaje por India es un continuo descubrir. India tiene tigres, templos y viajes en barco, pero lo que hace a este país diferente es la gente. He visto sitios con más animales salvajes, con más ruinas y templos, y con mejores travesías, pero nunca me he encontrado con un paisanaje tan interesante.
    Si alguien os dice que conoce India a la perfección, es mentira. Esto es inagotable.
    Aquí van un par de pinceladas de lo que ha sido la India para mí.

    En Jaisalmer cogimos un paseo por el desierto en camello, que incluía pasar la noche al raso, debajo de las estrellas, y cenar lo que tuviera a bien hacernos el cuidador de los camellos, a la orilla del fuego.
    El paisano iba vestido con una túnica azul de cuello a tobillo, y estaba con ganas de dar charleta a los cuatro guiris que íbamos a pasar con él la noche.
    De una experiencia anterior, ya sabíamos que el sueldo de un cuidador/guía de camellos ronda las 2000 rupias al mes ( unos 25€). Cuando nos enteramos nos quedamos patitiesos. En India hay MUCHA gente viviendo con esa cantidad de dinero. Pero los de los camellos están contentos porque los guiris les dan propis, y les sale “buena” pasta al final.
    Bueno, pues estábamos ahí reunidos alrededor del fuego con nuestro cuidador de camellos, al que ya sabíamos que le pagaban una miseria. El hombre acabó de cocinar y nos dio un plato con unas verduras salteadas con tomate, y especias, un par de chapatis (plan plano que hacen ellos en el momento, amasando harina y agua), y una salsa que llamaba “picante”, que era aceitazo con tomate, chili y especias.
    Por eso de pegar la hebra, le preguntamos que cómo se llamaba el plato que nos había cocinado. No me acuerdo del nombre, así que lo llamaremos “cuchufleta” a efectos narrativos.
    Estaba bueno. Simple, pero bueno.Así que los cuatro loamos sus habilidades culinarias. Las dos chicas alemanas que estaban con nosotros le dijeron que en Europa los hombres que saben cocinar ligan mucho, así que iba a encontrar una buena novia.
    Le pregunté qué más sabía cocinar a parte de cuchufleta. Su respuesta fue: Chapati y picante. Repetí la pregunta, y su respuesta fue la misma. Solo sabía cocinar cuchufleta, chapati y picante.
    Le pregunté flipando: “¿Solo comes cuchufleta, chapati y picante?”. Y él, mientras removía el cazo con las verduras me dijo que no, que cuchufleta solo comía cuando llevaba a guiris al desierto, que si no su dieta era chapati y picante. Patitieso, otra vez.
    El hombre llevaba veintipico años comiendo prácticamente en exclusiva chapati (harina y agua) y “picante” ( aceite aliñado). Y cuando llevaba guiris, se permitía el lujo de comer cuchufleta.
    Me sentí un capullo pensando que cuchufleta era una comida simple, ¡no!, era un manjar de día especial!.
    Hablando un poco más del tema, dijo que había probado el pollo, pero me da a mí que se pueden contar con los dedos de la mano las veces que lo ha comido.
    Un hombre del desierto, que casi no tiene pueblo, medio nómada. Comiendo chapati y picante día tras día. Llevando, cuando surge, a los guiris que aparezcan por Jaisalmer, la puerta del desierto, a lomos de los camellos de su jefe. Cobrando 25€ al mes. No pude evitar pensar qué pasaría si de repente cobrara 300€, o 3000€, ¿qué haría? Probablemente se compraría otra túnica azul, y compraría más harina y aceite para hacer más chapati con picante.

    Y parecía un hombre feliz. Recuerdo un libro de Bertrand Russell, en el que trata el tema de la felicidad y, entre otras cosas, se preguntaba qué hace falta para ser feliz.
    ¿Es igual la felicidad del que no conoce más allá de su desierto, de su chapati con picante, y su camello que la del hombre interesado en conocer culturas nuevas, apreciar sabores y texturas diferentes , aprender de arte, música y política?
    No tengo la respuesta, no lo sé. Lo que sí es seguro es que la receta de la infelicidad es poner a trotar por el mundo y a estudiar arte al primer hombre, y recluir en su casa con las gallinas al segundo.

    Y el viaje sigue… India te pasa por delante, con sus ríos sagrados. Porque hay ríos sagrados, que están en ciudades sagradas. Ríos sagrados que sirven para lo más mundano: lavar los interminables sharis, bañarse, remojar a los búfalos… Pero también son escenario de la manifestación religiosa de los indios.
    En Varanasi, sede del ganges, hemos visto arder a seres humanos. Los indios que pueden permitírselo vienen aquí a quemar los restos de sus muertos, y luego arrojar las cenizas al río más sagrado de su tradición.
    Desde España es algo macabro, casi incomprensible. ¿Por qué? ¿Qué ganas viendo calcinarse los restos de tu hermano? ¿No te garantizas pesadillas de por vida?
    Reconozco que el ver arder torsos y piernas no me ha producido ningún efecto. Y es más, me parece qeu es una forma bastante buena de ayudar a los familiares del muerto a cerrar un ciclo. El enterramiento es lo peor. Es coger un cuerpo que todavía se asocia al vivo que lo ocupó, y ponerlo bajo tierra. A esperar su suerte, mientras los que están fuera no pueden hacer nada por evitarlo.
    Quemando al muerto, y viéndolo, se pone de manifiesto que la persona querida ya no está, voló, se escapó y no existe. Después de que los 300kg de leña hagan su labor a ninguno de los familiares les queda ninguna duda de qué es lo que ha pasado.

    Y cuando todo son cenizas, se recogen, se tiran al río y viene otra familia a poner sus 300kg de leña. Los crematorios de Varanasi funcionan 24 horas al día, todos los días del año.
    A pocos metros de distancia los peregrinos (¡y Ana!) se bañan, se hace la colada de los vivos y los guiris le ponen los cuernos al chicken tikka en una pizzería con horno de leña (chúpate esa Freud!).
    India…¡qué país!

  • Viajando 2.0

    Hola, hola corazones!

    Hacía mucho que no escribía, principalmente porque ahora las batallitas las cuento por Facebook, whatsapp y demás. Me comunico todos los días con la gente, y les cuento qué tal va.
    Esto es una de las cosas que más han cambiado desde mi primer viaje. Por aquel entonces viajaba sin teléfono móvil, con la única ayuda de mi guía de viajes. Llegaba a un sitio y me buscaba la vida para encontrar alojamiento baratillo en algún lugar cerca de la estación o de donde la Lonely Planet decía que había barullo. Luego preparaba el día, y salía a dar vueltas. A veces sin mapa ni nada, pero casi nunca me perdía, y acababa encontrando lo que buscaba, sitios donde comer…
    Otra fuente de información valiosísima eran los viajeros que me encontraba y que ya habían estado en los sitios hacia donde me dirigía. Recuerdo que así encontré la “lonely beach” de Koh Chang donde tan buenos ratos pasé, y muchos muchos de los sitios a donde iba los descubría así.

    Ahora es otra historia. Para empezar resulta que si llegas a un hotel/albergue/hostal a pedir habitación, te van a clavar por lo menos un 20% más que si la hubieras reservado por booking.com . Alucinante.
    Además no te la tienes que jugar entrando al primer garito de mala muerte que encuentres, porque hay páginas como tripadvisor.com donde hay rankings de TODOS los alojamientos de las ciudades, ordenados por las opiniones de los viajeros que se han alojado allí.

    Tripadvisor es la nueva biblia. Lo que antes era la Lonely Planet, pero actualizado al minuto con opiniones de gente de todo el mundo, valoraciones, rankings, enlaces para reservar desde diferentes páginas y comparativas para ver con cuál te sale más barato.
    No solo el alojamiento, sino que también puedes comparar en tripadvisor los sitios para comer, desde restaurantes hasta puestos de bebidas callejeros, todos bajo el escrutinio brutal del saber absoluto de Internet.
    Si llegas a tu hotel habiendo reservado por Booking.com , o citas a tripadvisor los dueños de los hostales te tratan mejor, te cobran más barato, te dan toallas extras, incluso te invitan a una cerveza. ¿Por qué? Porque si yo pongo en tripadvisor que me han tratado mal, o que hay cucarachas, o que la sopa tenía un pelo, el negocio se hunde. Porque la gente sabe que soy un viajero real, que he comentado en sitios de otros países, que tengo una reputación online, y que este tío me la ha liado.

    Al llegar a un país nuevo lo primero que hacemos es comprar una tarjeta SIM, que metemos en nuestro teléfono móvil liberado. En India por 3€ al mes tienes internet móvil ilimitado durante un mes.
    A parte de las aplicaciones de Booking y Tripadvisor la que más uso es la de Mapas de Google.

    Se acabó el vagar por la ciudad sin saber si tenías que girar en la tercera o cuarta calle. O las dudas sobre cómo llegar al restaurante que te han recomendado. Ahora enciendo el móvil y por GPS me planto en cualquier lugar del pueblo más pequeño de Vietnam. Es más, si busco “restaurante” puedo ver los puntitos sobre el mapa de todos los restaurantes con un enlace al ranking de tripadvisor, y con otro click, el móvil me lleva por el camino más corto.
    Si me gusta la comida, le mando una foto a los colegas por whatsapp, y me comentan que vaya vida me pego. Si no entiendo la carta o al camarero, uso el traductor y nos apañamos.

    Los viajes ya son 2.0 , y no hay vuelta atrás. Los viajeros nos siguen contando donde han estado y les copiamos ideas, pero ahora también lo suben a los foros de internet.

    A mí me sigue gustando perderme por las ciudades, y salgo muchas veces sin móvil a buscar alguna tasca buena para comer, me gusta el gusanillo de “esto lo descubro yo”, pero la realidad es que está todo descubierto, y estamos todos viajando con un gran libro de viajes que se llama Internet.
    Y, ojo, yo no soy la generación más joven por ahí dando vueltas por el mundo. Hay chavales de 20 años a los que lo que os estoy contando les puede parecer cosa del pasado. ¿Por qué alojarse en un hotel cuando existe couchsurfing.com, donde puedes encontrar a particulares con intereses afines que te alojan en su casa gratis y te sacan con sus amigos?¿Por qué pagar a un guía si existen aplicaciones de realidad aumentada que te guían por una ciudad y sus monumentos guiándote por GPS, con explicaciones detalladas en acento argentino o gaditano?¿Hay alguien menor de 25 que no sepa qué es Blablacar?
    Se puede viajar con menos dinero que nunca, conociendo más gente que nunca, visitando los mejores sitios, con información desinteresada aportada por grupos colaborativos online…

    En fin, no doy más la murga ¡ que los tiempos cambian! Y ya no necesito mi blog para mantener informados a amigos y familiares de lo que me pasa por el mundo. La gente habla conmigo por facebook y whatsapp. ¡Si me manda e-mails hasta mi abuela!

    Pero no os abandono, mañana voy a escribir un post sobre India en general, porque… ¡qué país!

  • La comida vietnamita

    La comida es una de las cosas que más disfruto en un viaje largo. Es muy fácil acostumbrarse a pedir siempre lo mismo, eso a lo que tenemos el paladar acostumbrado. Arroz frito, pollo salteado, noodles… Pero creo que es importante educar al paladar, probar cosas diferentes y forzarse a comer cosas nuevas.

    Conozco a gente que se ha pasado 6 meses viajando por Asia comiendo arroz con pollo, y que luego se quejan de que no hay variedad gastronómica. ¡Claro que la hay! Solo hay que arriesgarse un poco, probar cosas nuevas, señalar fotos extrañas e ir incrementando nuestra base.

    A veces por muchas ganas que le pongas la comida no da más de sí. Esa es la sensación que me quedó a mí en Filipinas, que no había cultura gastronómica. Comimos en los mejores sitios, probamos los platos más recomendados, y aún así los platos y los sabores eran muy planos. Cerdo frito y punto, unas salchichas sin chicha… nada de especias, hierbas, métodos de cocina diferentes.

    En Indonesia la comida no estaba mal, tenían algunas cosas buenas, y a la gente le gusta también comer. No estará en mi top de cocinas del mundo, pero hay buen material. La panzada de marisco más gorda de mi vida me la pegué en Bali, y por cuatro perras, así que sin queja.

    En Tailandia hay mucha cultura gastronómica, en mi anterior viaje flipé con la cantidad de sabores nuevos, pero en este me ha dado la impresión de que en el circuito turístico las opciones gastronómicas se han limitado. Como si hubieran aprendido qué es lo que le gusta a los turistas y qué no. Así que te inflas a pollo con anacardos, pad thais varios y curry verde, todo muy adaptado.

    Eso sí, cuando nos hemos salido un poco de la ruta turistera tradicional otra vez he vuelto a probar los sabores con matices de la cocina tailandesa. Esta sí que está en mi top 5 de cocinas del mundo!.

    Y la gran sorpresa de mi viaje (por ahora) ha sido la cocina vietnamita. ¡No recordaba que fuera tan buena! Desde el primer día hasta el último hemos comido genial. Qué buena combinación de tradiciones culinarias. Los pasteles afrancesados, los bocadillos crujientes de las señoras por la calle, sopas de noodles, diferentes empanadillas, asados de corte europeo con innovaciones y tratamientos varios…

    Os dejo fotos de algunos platos que hemos probado en este país.

    Faltan muchas cosas, pero para que os hagáis una idea:

    Como ejemplo de la imaginación en la cocina y antes de pasar a los platos, empezamos con un local de Ho Chi Minh city, antigua Saigón. Podría haber sido la idea de algún empresario salmantino, pero (por ahora) no. Se trata de un restaurante solo de bacon. Bacon en todas sus modalidades. Bacon ahumado con 5 maderas diferentes a elegir, u horneado, o frito, o todas las combinaciones posibles, y luego puesto en sandwich, o en ensalada, o donde tú quieras. Vegetarianos go home. Quien se ría al ver las fotos, que comente :p

     

    IMG_5042

    IMG_5043

    IMG_5045

    IMG_5047

    IMG_5049

    IMG_5055

     

    Ahora la cocina de verdad! Aquí teneis unas “white rose”, especialidad de Hoi An, consistente en unas empanadillas al vapor, rellenas de gamba, y con ajito por encima. El que no babee no es humano

     

    IMG_5063

     

    Para los carnívoros, unas costillas de cerdo con sésamo, con salsita currificada y arroz pegajoso (que le pega a tope)

     

    IMG_5068

     

    Y gracias a una amiga que hicimos en Hoi An descubrimos lo mejor de la comida callejera. Por nada de dinero… os presento el Cao Lao, noodles de arroz, con lomo de cerdo asado, hojas de menta y otras hierbas, salsita especial y por encima unos crujientes buenísimos.

     

    IMG_5096

    IMG_5222

     

    Los rollizos de primavera pueden reinventarse. En cada país son diferentes, y en Vietnam los tienes de dos tipos. Fritos o frescos (sin cocinar). Cada uno que elija lo que prefiera!

    IMG_5157

    IMG_5328

     

    Sin ser inmune a la cocina internacional se pueden hacer platos muy interesantes. Por ejemplo este rissoto de arroz rojo para acompañar a una panceta crujiente por fuera y jugosita por dentro

     

    IMG_5159

     

    Y para los que hagáis estofados, probad a ponerle unas cucharaditas de canela al guiso. Queda buenísimo!

     

    IMG_5161

     

    Sopas! Miles de sopas. Una pena que no soy muy sopero. Pero para muestra os dejo un Po, plato insignia de la cocina vietnamita, es una sopa de noodles con carne de ternera poco hecha. El secreto en el caldo

     

    IMG_5262

     

    Las empanadas no son patrimonio exclusivo de los gallegos. Mirad que pinta tiene esta!

     

    IMG_5309

     

    Y ahora, dos formas de preparar carne con chilli y citronella. Se puede guisar y queda buenísima, o también se puede picar la carne, meterla dentro de una hoja con todo y… también queda de rechupete!

     

    IMG_5312

    IMG_5311

    IMG_5313

     

    Conmigo viaja la admiradora number one de las patatas fritas y las pastitas de té. Mirad que cara de felicidad!

     

    IMG_5326

    IMG_5134

     

    Espero que no os haya entrado mucha hambre!

    Ahora estamos en China, y ayer en concreto comimos un pato laqueado brutalmente bueno. Subiré las fotos, lo prometo!

    A parte de la comida, tenemos una polución brutal en Pekín, y llevamos dos jornadas sin parar viendo cosas.

    Hasta la próxima!

  • Filipinos… y ahora a comer!

    Filipinas es un país relativamente virgen al turismo. Fuera de los núcleos gordos como Boracai, mucha gente no ha visto demasiados turistas dando vueltas por su país. Las infraestructuras no están adaptadas ( 10 horas para 200 kilómetros en bus!). Adjunto video de lo que es viajar en el techo de una furgoneta en donde Cristo perdió el gorro.

    No se entiende el gusto del turista (no hay un souvenir bonito!), así que se puede ver de primera mano lo que es la “cultura fusión”. Mirad el espectáculo de luces y sonido en la ciudad de Vigan, patrimonio de la Unesco y representante de ciudad colonial española en Asia. ¿Os imagináis en la Barcelona de las gafas de pasta y dedos en mentón un espectáculo así? La gente bramaría porque no le pusieran algo de Brahms. Fuera los pijos culturetas, y viva la cultura popular… Op, op, op…

    Una de las mejores cosas de esta poca exposición al turismo internacional son las preguntas de los locales cuando hablas con ellos.

    “¿Has venido desde España para ver la plaza de mi pueblo?”

    “¿En Italia se come “pizza pie”, verdad? ¿Está allí la torre Eiffel?”.

    Claro, tú pregunta en Gomecello a la gente cosas sobre Filipinas, o que te sitúen el templo de Bayón, a ver qué te cuenta el personal.
    Pero todo el mundo muy majo, nos ha gustado mucho el país, aunque he de decir que la cultura gastronómica es bastante baja, sobre todo si la comparamos con la que hay en Tailandia o Vietnam. Hemos comido bastante regular en todo el país, pero eso ya se ha solucionado porque… estamos en Vietnam!
    Comida callejera buena, pan crujiente y pastelería herencia de los franceses. Sopas de noodles y empanadillas cocidas herencia de los chinos. Y toda clase de platos y tradiciones culinarias juntas. Ñam, ñam.
    Próximo post sobre la comida vietnamita!

     

     

     

     

  • De vida playera en la isla de Palawan

    Estamos en El Nido, un pequeño pueblito en el norte de la isla de  Palawan, en Filipinas.

    Aquí el plan es playero total. O bien coges un barco que te lleve a ver las islitas de alrededor (con sus lagunas ocultas, playas perdidas y demás) o bien te coges un triciclo y te vas a las playas de la isla.

    IMG_4546

     

    Es un plan simple, pero llevamos ya 6 días aquí, y encantados de la vida. Yo quería alquilar un barquito para ir de pesca, a ver si pillábamos algo, pero salí muy caro… así que para la próxima vez!

    Para cenar, hay un montón de chiringuitos en la playa, donde te puedes sentar a comer un buen pescado fresco por menos de 5 euros por persona. Premio para el que me diga si en español existe una palabra para llamar al Lapo-Lapo, el bicho que nos zampamos el otro día.
    lapo-lapo

    Lo único que me desespera es que el pueblo en general tiene una conexión a Internet suuuuuuper lenta (y yo tengo que trabajar algo!). Prefiero mil veces no tener Internet a tener internet leeeeento. Si no tengo Internet pues no me entero de qué pasa y tan a gusto, pero aquí el otro día me enteré de que tengo problemas de cargos  desde Japón en la tarjeta de crédito, y tardé casi dos horas en mandar un mail a la compañía para que me lo mire. Pá pegarse un tiro, o mejor beberse dos birras con el Lapo-Lapo.

    Una cosa curiosa aquí es que todos los que organizan las visitas por las islas se han organizado y han creado 4 tours “prefabricados”. Con cuatro nombres muy originales: Tour A, Tour B, Tour C y Tour D. Parece que eso le quita toda la gracia a la idea de explorador de islas vírgenes que nos gustaría a todos los que venimos por estos lares, pero la verdad es que al final es útil, porque sabes qué hay que ver, y cómo se puede ver. La otra opción sería acercarse al fulano del barco y empezar a elegir entre 35 islas de nombres raros sin tener ni idea de cuales merecen más la pena.

    Hemos conseguido una habitación cuca, justo enfrente del mar, y nos dormimos con las olas de fondo. Aquí foto mía desesperándome con la conexión.

    IMG_4501
    Debuti.  Pero mañana ya saldremos de aquí, a ver un río subterráneo que hay en otra ciudad de Palawan, y ya volvemos a Luzón (la isla de Manila) para explorar el norte y los pueblecitos coloniales.

    La playa mola, pero tengo muchas ganas de ver más cosas coloniales, para ver si todavía queda algo de cultura española por aquí.  Me da la impresión de que poco, por lo menos en materia lingüística casi nada, más allá de unas pocas palabras. 300 años aquí metidos y no fuimos capaces de proveer de alfabetización a la gente.

  • Orangutanes ( II), y llegada a Bali

    Una de las ventajas de viajar en temporada baja es que puedes visitar cosas que normalmente están llenas con mucha menos gente zumbando por ahí. En el caso de los orangutanes el guía nos dijo que en verano puede llegar a haber hasta 50 barcos por el río!.

    Ahora estábamos unos 4 o 5. Remontando un río chocolate que toma el color de las explotaciones mineras del centro de Borneo.

    La vida en el barco es simple y relajada. Te levantas en cubierta con la luz del sol pegando duro, y con el sonido de la jungla. Zumbidos de insectos, pájaros liándola y movimientos extraños de fondo mientras desayunas y te aseas en el baño de un metro cuadrado. Luego se enciende el motor y empiezas a moverte. Te sientas en una silla en cubierta y…miras!. Miras muchos árboles y mucho verde, buscando lo que sea. De repente un pájaro de colores cruza por delante, o aparece un mini cocodrilo, un mono…

    El plato fuerte viene cuando paramos a dar un pasito por la jungla. A veces más largo, a veces menos, pero en todos encontramos bichos.

    Luego en las plataformas de alimentación nos aseguramos el avistamiento de los orangutanes. A destacar la plataforma número tres, donde vimos 11 orangutanes a la vez! La selva se caía, como si fuera el maracaná, grandes simios yendo y viniendo sin parar, una pasada.

    Pero para pasada lo que pasó al volver al barco. Nuestro guía Jenie, es un crack, pero está un poco volado, porque empezó a llamar y atraer con fruta a una pareja de orangutanes…a los que subió al barco!.

    Como sabéis los que me conocéis yo soy un poco cagueta con los animales. No lo puedo evitar, pero aguanto como un jabato si hace falta. Pero que me suban un orangutan a un metro en un barco que está rodeado por agua con cocodrilos se me hacía demasiado. Además al subir los orangutanes me quedé yo solo en la proa del barco… así que discretamente me fui para atrás! Os enseño un video para que veáis donde me metí!.

    Ahora estamos en Bali, y nada más llegar nos enteramos de que nos habíamos salvado por los pelos de una erupción volcánica en Java, al ladito de donde estábamos nosotros.

    Bali es otro mundo, está muchísimo más turistificado que el resto de sitios de Indonesia que hemos visitado. Y se nota todo el rato. Aquí nadie se hace fotos contigo, ni te saludan por la calle, e imagino que no te invitarían a una boda. Pero se te acercan para venderte cosas, decirte precios de taxis… Volvemos a tener las alarmas levantadas y a no contestar a la gente que aleatoriamente viene a decirte algo. Una pena :( .

    Bali es una isla muy especial, de verdad, porque tiene una cantidad BRUTAL de templos hinduistas. En estos días hemos visitado más de 10, todos ellos impresionantes, que serían parada obligatoria en cualquier otra isla del mundo. Aquí se apelmazan, uno detrás de otro, hasta que ya no sabes ni cuál estás visitando. La isla tiene una espiritualidad tremenda, y puedes ver ofrendas a los dioses a cualquier hora del día. Todo el rato están de ceremonias, rezando, ofreciendo algo, encendiendo incienso…
    Se da un contraste grande entre la espiritualidad real que existe, y el turisteo (que también es real, y existe).
    Es normal que una isla con la cantidad de cosas bonitas que tiene Bali se vuelva turística. Y que la gente quiera ver todos los tesoros que esconde. Sé que no se puede pretender llegar a un sitio así y estar solo, que todo el mundo tiene derecho a ver esto, sin embargo… no puedo dejar de pensar en la maravilla que debía ser el interior de Bali hace 30 años.
    Ayer llegamos a la playa después de estar tres días en el interior de la isla. Elegimos la playa de Nusa Dua por las buenas críticas que habíamos escuchado. Y…¡ no podíamos llegar a la playa! Para llegar tienes que cruzar una puerta de seguridad que separa el Bali real del Bali guiri. De puertas a dentro el césped está recién cortado, hay más proporción de palmeras, y todo es muy “tradicional”. Un poco portaventura. Pero lo gordo es que los resort tienen tomada la playa, un camino asfaltado a 10 metros del mar rodea Nusa Dua, y después hay restaurantes, hoteles, un barco pirata, un centro comercial… Todo muy “internacional”, nada de puestecillos de satays de pollo, o nasi goreng.
    Era por la noche, así que la playa en sí no sabemos cómo es. Esta mañana habrá que ir a echarle un vistazo, pero a mí ayer me espantó. ¡Espero que haya playas de verdad en esta isla!

  • Gente indonesia y orangutanes de Borneo (parte I)

    Cuando cogimos el billete para Indonesia no sabíamos que veníamos en temporada baja.
    Y temporada baja significa mucha lluvia y pocos turistas.
    Lluvia nos ha caído un poco, sobre todo en la isla de Java, pero no nos ha impedido hacer nada. La lluvia nos persigue y respeta, así que solo llueve cuando ya hemos visto todo lo que queríamos ver.
    Nos llovió al terminar de ver el cráter de un volcán en el Dieng Plateu, con su líquido burbujeante y su humo blanco. También nos llovió al salir del templo de Borobudur, patrimonio de la UNESCO y visita obligada para quien tenga unos días en Java.

    Desde nuestra llegada a Yogyakarta (base para ver Borobudur y Pranbanan) nos acompañan María y Yubero, dos colegas de Cuenca que han venido a desquitarse por no haber podido venir a Tailandia.

    Y a parte de ellos dos, pocos más turistas hemos visto en Indonesia. Se pueden contar con los dedos de una mano. Supongo que a la gente le asusta ir a un país en época de lluvias, por eso de que te puedes pasar las vacaciones metido en el hotel. Pero para nosotros está siendo una experiencia magnífica.
    Tenemos todo a nuestra disposición, con los locales encantados de vernos. Nos saluda la gente por la calle.
    Los monumentos aprovechan para visitarlos la gente de los pueblos y los niños de los coles, y ambos colectivos están encantados de hacerse tropecientas mil fotos con nosotros. Vamos a salir en los álbumes de fotos de la mitad de los 130 millones de habitantes de Java ;) .

    La gente es estupenda por aquí, con muchas ganas de echarnos una mano, y con cero ganas de sacarnos los cuartos. Un día, mientras dábamos un paseo vimos a mucha gente moviéndose en un parque y nos acercamos a echar un ojo. Resulta que era un bodorrio. De postín. Nos hicieron gestos para que nos acercáramos, y ¡ nos invitaron a la boda!
    Aunque con un poco de vergüenza, entramos comimos un poco y sacamos unas cuantas fotos.
    Luego comentábamos que seguro que era una boda de alguien importante, porque se notaba que había pasta.
    El destino quería que viéramos como se casaba también la gente humilde, así que al día siguiente nos cruzamos con otra boda! Esta vez de gente normal y corriente. Con menos dinero pero con las mismas ganas de invitarnos a pasar… Y entramos, claro! Os pongo un par de fotos para que veáis las diferencias por vosotros mismos.
    Con los novios de la última boda nos hicimos unas fotos, les dimos algo de espiga y Anita, que es genio y figura, hasta bailó en el baile subida al escenario!

    Ahora estamos subidos en un barco de madera, muy chulo y amplio, con la pintura verde un poco saltada.
    Ana está en una silla mirando al frente, a árboles verdes y amarillos, a lianas, y al ocasional bicho que aparece entre las ramas. María y Yubero están detrás, tumbados en una colchoneta sobre la cubierta.
    Solo se oye el motor del barco y el ruido que hace la naturaleza a los lados. Nos hemos despertado hace un par de horas en cubierta, donde una red nos ha permitido dormir sin que nos comieran vivos los mosquitos.
    Estamos en Borneo, una de las islas con mayor proporción de selva tropical del mundo, y también casa de los orangutanes. Por Internet conseguimos contactar con Jenie, un guía freelance que nos ha organizado todo el tinglado para pasar tres días en la jungla, buscando orangutanes, monos narigudos, macacos, aves de todo tipo y, si tenemos suerte, algún cocodrilo o serpiente.

    Ayer fuimos a uno de las tres plataformas de alimentación que los conservacionistas han montado para ayudar a los orangutanes a coger comida cuando no la encuentran en el bosque.

    Son plataformas de madera donde una vez al día sueltan un montón de plátanos.
    Hace años no hacían falta estas plataformas, porque los orangutanes podían encontrar fácilmente su comida, pero ahora entre las minas de oro, la deforestación, y la industria del aceite de palma, cada vez es más difícil mantener el equilibrio del ecosistema.
    Esto es muy grande, así que no es cosa de un día, o un año, o diez años, pero según nos cuenta el guía, parece ser que cada vez va a peor.

    Para los guardas del parque natural lo ideal es que cuando pongan la comida no acudan muchos orangutanes, porque eso significa que están a su bola y no necesitan comida extra. Pero los turistas que vienen por aquí (pocos, y menos en época de lluvias), agradecen que aparezca algún bicho para verlo y hacerse unas fotos.

    Ayer vimos tres orangutanes, entre ellos una hembra (Becky) con su cría. Sí, ¡Becky!. Los guías que llevan viniendo años y años aquí se conocen a los orangutanes, y les ponen nombre. Dependiendo de como andan, como comen, el carácter que tienen, los rasgos faciales… saben quienes son. Así que cuando se mueve la maleza dicen : mira, ahí viene Becky, o Lucy, o quien sea.
    En cada plataforma van a alimentarse ocasionalmente entre 100 y 300 orangutanes, así que tiene mérito identificarlos a todos.

    En el próximo post os cuento como ha acabado esto de los orangutanes, y qué tal nos va en las próximas plataformas. Miedico me da cuando veamos un macho!